Descubriendo el tiempo
- Karla Acosta

- Sep 2, 2020
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Solemos considerar el tiempo como algo que tiene poder sobre nosotros, pero que no es nuestro. Día a día es normal escuchar cosas como “Si tuviera más tiempo mi vida sería diferente”, “Conocí a la persona correcta en el momento equivocado”, “Solo el tiempo dirá”. Yo suelo ser de esas personas, que siempre está pensando que haría si tuviera más tiempo, o si pudiera hacer que corriera más lento. Fue pensando en eso cuando caí en cuenta que el tiempo es algo en lo que casi siempre estoy pensando, pero en realidad no sé mucho de él.
Es como cuando estás pensando acerca de la empresa para la que trabajas, del mercado, de la economía o de algún chisme de celebridades que viste en las redes sociales. Dedicas tiempo a eso, le das neuronas y un espacio en tu vida, pero si alguien llegara a preguntarte más de tres cosas acerca de lo que ocupa tanto tu mente, muy probablemente te darías cuenta de que nos la pasamos pensando en cosas que no comprendemos. Como si lleváramos años viviendo con alguien y un día al despertar nos damos cuenta de que no sabemos nada de ellos, algo que podría ser el argumento principal de alguna película de terror psicológico pero que en realidad suele pasar con más frecuencia de la que podríamos aceptar sin sentir un poco de culpa.
Michael Ende lo define a la perfección en Momo: "Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo"
No quiero ser una de esas personas que un día despierta y se da cuenta de que en realidad no sabe nada de su vida, que no sabe porque tomó las decisiones que tomó y tampoco sabe quién es la persona que duerme a su lado, decidí empezar a conocer un poco más de mi vida. Y, siendo el tiempo algo que define tanto mi experiencia estando viva y a veces cuestionando qué clase de vida es una en la que lo único que tenemos, o sea el tiempo, es lo que más escaso parece, decidí empezar mi investigación aprendiendo cosas acerca de él.
Para empezar, el tiempo rige nuestra vida no solo por su pasar abstracto y un poco mágico, si no porque lo dividimos en unidades que después utilizamos para medir y catalogar nuestra propia vida. Pero ¿quién nos enseñó a hacer eso? ¿por qué un minuto tiene 60 segundos, pero un día tiene 24 horas? Los seres humanos se han cuestionado acerca del pasar del tiempo desde que se dieron cuenta que el Sol sigue el mismo patrón día con día. Observando lo que los rodeaba, notaron que los cambios que al principio parecían tan nuevos se repetían, y así fueron apareciendo divisiones naturales de la vida.
Las primeras invenciones para medir el tiempo buscaban regular el trabajo o los rituales, por lo que no en todos lados se medía de la misma manera. Uno de los primeros inventos fueron las lámparas de aceite, alrededor del año 4000 a.C. Estas se utilizaban en prácticas religiosas, y siguen cumpliendo ese papel en algunas religiones hasta el día de hoy. También se han encontrado velas reloj, pero tanto las lámparas como las velas se utilizaban para medir como pasaba el tiempo, no para saber en que unidad de este se encontraban.
La división del día en horas empezó porque había rituales que debían practicarse en un momento específico, y era necesario un instrumento que permitiera cumplir esto. Los egipcios fueron los primeros en crear este tipo de aparatos, y es posible que el día se dividiera en 12 horas porque los egipcios reconocían un ciclo zodiacal de 12 constelaciones. Los griegos y los romanos también dividían el día en 12, pero como los días cambian de duración según el momento del año en el que se esté, las horas también cambiaban de duración. Después, con el objetivo de realizar cálculos teóricos, Hiparco de Nicea propuso dividir el día en 24 horas, pero no fue hasta que se inventaron los relojes mecánicos que este sistema fue comúnmente aceptado, en el siglo XIV. Es decir, si comparamos la manera en la que medimos el tiempo con el tiempo que hemos dependido de él, la división de las horas y de los días es bastante nueva.
Sin embargo, esta división se ha convertido en nuestra dueña. El descubrimiento del tiempo y su posterior clasificación han sido de las mayores causas de enajenación de los seres humanos. Empezamos queriendo medir el tiempo para rituales, para descubrir más sobre la naturaleza y sobre nuestras vidas, y terminamos aprisionándonos en nuestro propio invento y haciendo todo lo contrario a lo que estaba inicialmente planeado.
El primer libro que leí fue Momo, de Michael Ende. En este libro, los personajes son incitados por los Hombres Grises a ahorrar tiempo, y tal vez era muy pequeña entonces para comprender la crítica que estaba haciendo, pero estos siempre me atemorizaron. La idea de vivir siempre a las prisas para ahorrar algo que en realidad no puedes poseer, como el tiempo, mientras rechazas las cosas que más disfrutas se me hacía demasiado confuso. Describiendo a un personaje, Ende escribió "Cada vez se volvía más nervioso e intranquilo, porque ocurría una cosa curiosa: de todo el tiempo que ahorraba, no le quedaba nunca nada”.
Suele decirse que lo único que tenemos es tiempo, pero en realidad lo único que tenemos es el recuerdo de lo que hicimos con él, y lo que hacemos con él ahora. "Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.”
Referencias
Rogers, Leo. (2011). A Brief History of Time Measurement. NRICH: https://nrich.maths.org/6070




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