Gabinete de memorias
- Guillermo Violante

- Aug 20, 2020
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Los espacios que habitamos son en cierta forma como una exposición de objetos curados para representar algo de o para nosotros. Pero más que ser comparables a una exhibición de una galería de arte o a un museo, considero que el acomodo de estos objetos en nuestras vidas personales es más parecido al de los gabinetes de curiosidades. Surgidos en Europa durante el renacimiento, estos cuartos albergaban colecciones de objetos que, aunque sentaron el precedente para los museos y en ocasiones tenían fines científicos, principalmente exhibían aquellas pertenencias que se consideraran extravagantes y exóticas.
Estos espacios surgieron por la necesidad de la aristocracia y monarcas de poseer lo encontrado (o robado) en expediciones a otros continentes, de presumir vistazos de lugares más lejanos e inalcanzables para la mayoría; una manifestación de estatus. Sin embargo, la práctica fue eventualmente adoptada por mercaderes, científicos y curas, resultando en gabinetes que poseían objetos más accesibles, pero que aún representaban un deseo de recordar y conservar fragmentos del mundo. Objetos curados para contar historias sobre lo extraordinario.

"Gabinete de Curiosidades" por Domenico Remps, 1690s.
Fuera de los orígenes coloniales de esta acumulación y la procedencia dudosa de los objetos exhibidos, hoy en día podemos encontrar un ejemplo contemporáneo más personal en la “Bleak House” (Casa Sombría) de Guillermo del Toro. En esta casa el cineasta crea una colección que, en sus palabras, está inspirada en los viejos gabinetes de curiosidades, pero en vez de un enfoque a las ciencias naturales, es una selección curada de piezas de arte clásico, pero sobre todo del arte popular de terror y ciencia ficción. Bajo un mismo techo junta estatuas, fotografías, dibujos, réplicas y figuras que forman parte de su imaginario o dice que le han proporcionado inspiración en el proceso creativo. Es una colección tan famosa, que fue convertida temporalmente en la exposición “En casa con mis monstruos”.
Creo que la organización de gabinetes no es muy diferente a la que utilizamos para depositar una huella de nosotros en donde vivimos. Así como los objetos contenidos en los gabinetes eran divididos entre artificialia, naturalia, exotica y scientifica; en nuestras casas, departamentos, oficinas, salas o dormitorios, podemos encontrar intentos de preservar episodios específicos de nuestra propia historia. Ya sea con fotos, libros, pinturas, herramientas o triques con valor sentimental, probablemente conservamos muchos de estos objetos porque hay algo en ellos, algún recuerdo, al que nos aferramos.
Para muchos quizá hay una línea muy delgada entre la curación en estos ejemplos y el acumular por mero materialismo. La acumulación innecesaria y el consumismo son temas muy comentados actualmente, esto es con justa razón, especialmente con la cada vez más facilitada capacidad de adquirir lo que deseamos sin salir de nuestro hogar. Probablemente en nuestras casas sean más las cosas que acumulamos inútilmente que las conservadas por un propósito especial. Justamente por esto es por lo que, más que referirme a mera posesión, hablo de la apreciación por aquellos objetos en los cuales reconocemos un valor, un lugar, un momento o una persona.
Particularmente en mi cuarto conservo objetos como: una piedra que me recuerda a un particular día de playa, un llavero en forma de llama que me fue traído desde Perú, supuestos fragmentos del muro de Berlín que encontré en el armario de mi abuelo y libros subrayados que me han dado como regalo aquellos cercanos a mí. Cada uno cargando una memoria individual, más que acumulación por sus propiedades físicas, se siente como un intento de capturar los momentos y elementos que conforman nuestras vidas.
Parafraseando “Desierto Sonoro” (novela de Valeria Luiselli), nuestras maneras de documentar el mundo, nos son insuficientes y por ello aún no podemos entender cómo es que existe el tiempo y el espacio como los experimentamos todos los días. Quizá en las fotografías y los videos es donde más claro podemos observar un intento por capturar con mayor fidelidad aquello que hemos vivido, pero aún estos objetos solamente muestran una parte superficial de lo que nosotros consideramos recuerdos. Tendemos a pensar en nuestras memorias por su naturaleza temporal e incluso tendemos a catalogar nuestras fotos personales de esta manera, pero la realidad es que no todo en nuestras vidas puede ser capturado en medida de segundos, minutos y horas.
Hay quienes juntan flores, postales o semillas a través del tiempo, con cada pieza simbolizando por sí sola un intento por resguardar lo vivido y los espacios que hemos transitado, en muchas ocasiones habiéndolo hecho acompañados. Sin darnos cuenta vamos curando exhibiciones personales que, al detenernos a observar, probablemente podamos hilar alguna forma de historias personales en nuestra mente, las cuales en conjunto quizá nos brindan un recordatorio de cómo vamos recordando quienes somos. Por medio de objetos obtenidos en un lugar y momento particulares vamos creando mapas de lo vivido.
Igualmente, los recuerdos no solamente están limitados a lo experimentado físicamente, sino también a los libros leídos, películas vistas, canciones compuestas y hojas que vamos dejando repletas de nuestros garabatos, en cierta forma también presentan una manera de registrar para nuestra posteridad la serie de ideas, emociones o aspiraciones que van componiendo parte de quien somos o esperamos ser. No es impreciso decir que la mayoría de nuestros intereses al fin y al cabo son las mismas fuentes que nos inspiran, además de lo encontrado ocasionalmente en el día a día.
Existe en muchos de nosotros esta necesidad de manifestar físicamente partes de quienes somos o fuimos, inmortalizar aquello que pertenece ahora al pasado, los recuerdos. El que definamos nuestros objetos en vez de que sean estos los que nos definen. Algunos de estos objetos quizá eventualmente lleguen a tener suficiente valor en otros como para ser compartidos, pero a la larga la mayoría solamente permanecerán con un valor mientras nosotros podamos otorgárselo. Lo que tal vez llegue a ser algún día intercambiable y termine en manos de otros o probablemente abandonado, en el presente podemos aprovechar el valor de algunos objetos particulares a nosotros, como la manera más cercana que tenemos de crear un registro que represente nuestras memorias.




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