Generación de cristal
- Alicia Axle Barquin

- Sep 4, 2020
- 4 min read
Updated: Sep 4, 2020

Coexistir en un planeta con millones de personas de diferentes culturas, religiones, idiomas, tradiciones, costumbres, edades y países resulta difícil de imaginar, pero aun más cuando se trata de formas de pensar. Jóvenes nacidos entre los años 1995 y 2000 aproximadamente, son los denominados generación de cristal. Formo parte de un grupo el cual se distingue por su vulnerabilidad, inestabilidad y poca eficiencia para resolver problemáticas, pero a la vez somos nosotros quienes representamos un posible cambio.
Cuando pensaba de qué manera podría abordar un tema tan controversial como lo puede ser éste, me di cuenta de que justo ahí se encontraba la raíz del dilema. Vivimos en una era digital, donde fuimos creciendo junto con la tecnología, simultáneamente el mundo se transformaba y lo que para nuestros papás significaba algo completamente nuevo, para nosotros resultaba de fácil adaptación. La globalización, nos permitió no solo relacionarnos a distancia, mantenernos comunicados en cuestión de segundos, sino que también nos dejo poner al descubierto nuestras opiniones, para muchos de nosotros el concepto de libertad de expresión fue algo sencillo de comprender, sin embargo, años atrás era sinónimo de arbitrariedad y rebeldía. Ahora bien, cómo es que una sociedad donde cualquier persona sin distinción puede ser escuchada, resulta frecuentemente fragmentada.
Sin duda, somos nosotros quienes contamos con las herramientas para construir un futuro prometedor, pero el tenerlas no nos garantiza la destreza de saber usarlas. A menudo, son cada vez más las ocasiones en las que nos encontramos en redes sociales una serie de discusiones que, más allá de propiciar un espacio de opinión, causa una grieta; donde el llegar a un diálogo es casi imposible de concebir. No hemos terminado de comprender que como seres humanos estamos configurados de diferente forma y el intentar que todos seamos iguales resulta absurdo, pues el ambiente social en el que nos desenvolvemos ha forjado nuestro carácter, pero ello no significa que debamos caer en un libertinaje, más bien ser flexibles dentro de un marco naturalmente inflexible.
Un niño de 6 años podría hablar sobre cierta materia en especifico, pero sabríamos que su corta experiencia reduciría su capacidad de desenvolverse, dicho de otro modo, no existiría un argumento en concreto, pero ¿Es la edad un elemento de validez? Cuestionándome que sería esa característica particular, donde más allá de alcanzar un número de años, haría más eficaz el exteriorizar cualquier tipo de idea, pensé en el concepto “madurar”. A continuación, me gustaría que analicemos el siguiente planteamiento: dos personas de la misma edad, la primera de ellas desde pequeño ha tenido la oportunidad de estudiar, más tarde ejercer en el negocio familiar, logró posicionar a la empresa en uno de los puestos más importantes a nivel nacional. Por otro lado, la segunda persona ha tenido que tocar muchas puertas para encontrar trabajo, incluso se mantuvo esforzándose horas extras y después de un par de años de la llegada de su primer hijo se encuentra estable económicamente. Ambos han logrado madurar, no obstante, el contexto en el que se han desarrollado ha sido completamente distinto, por lo que la manera en la que ven el mismo objeto de discusión contempla diferentes perspectivas, pero ello no los excluye de poder participar asertivamente en el debate.
Al final, son muchos los elementos que influyen en nosotros los que nos orillan a mantener una postura en cierto tema, aún por el simple hecho de cómo nos manifestamos y relacionamos. A pesar de todo esto ¿Cuándo nos convertimos en una generación de cristal? En el momento en que lo general comienza a ser particular, cuando hacemos a un lado valores fundamentales como el respeto, cuando nos dejamos llevar por la violencia para exigir la paz, y nos creemos con el poder de oprimir para colocarnos por encima del resto que difiere con nuestra forma de pensar.
La generación de cristal en México, también pudieron ser las mujeres de 1950 que lograron su derecho a votar o quizá los jóvenes del 68… pero eso es historia y solo sirve para una cosa aprender, aprender a sacar de ello lo mejor y no cometer los mismos errores, no pretendamos llegar a un lugar diferente del que las pasadas generaciones han estado, navegando en la misma dirección. Opinar y defender una postura trae consigo un compromiso que debe ser materializado, hacen falta personas abiertas a escuchar, a defender y luchar por sus ideales, sin que tengan que perder su dignidad e integridad.
Actualmente, no solo somos espectadores de una sociedad relativista donde cualquier juicio es válido, sino somos parte de un grupo de personas candidatas a decidir sobre todo sin siquiera saber, pasamos la mayor parte del tiempo criticando nuestro entorno sin tratar de mejorarlo. Trascender, generar cambios progresivos con impactos positivos, es justo lo que deberíamos buscar. Blaise Pascal decía : “Si no actúas como piensas, terminaras pensando como actúas” y creo que ello resume el verdadero significado que hay detrás de la filosofía de cada persona, realmente tenemos convicciones o simplemente nos dejamos llevar. A título personal considero que los valores tanto éticos como morales no son ajustables, sino permanentemente continuos.
Esta vez no hay conclusión, se queda un final abierto a la critica y reflexión de cada uno…




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