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Más allá de la burbuja

  • Writer: Erick Hemkes
    Erick Hemkes
  • Sep 10, 2020
  • 4 min read

26 de agosto del 2020. Game Day. Aquel miércoles los Milwaukee Bucks enfrentaban al Magic de Orlando dentro de los PlayOffs de la NBA en la burbuja que organizó la NBA en el complejo deportivo de ESPN en los parques de Disney World en Orlando, Florida; y mientras los utileros de ambos equipos preparaban los balones para el calentamiento previo de los equipos, los jugadores decidieron no presentarse en la duela y boicotear el partido. Y mientras todo el mundo esperaba escuchar los nombres de Giannis Antetokounmpo, Middleton, Fultz, Gordon, Vučević, solamente importaba que se escucharan los nombres de Jacob Blake, George Floyd, Breonna Taylor.


Y el mensaje fue escuchado y replicado. Muchos encuentros deportivos alrededor de los Estados Unidos recibieron y adoptaron el mensaje al no jugar ese 26 de agosto. No solo no se jugaron los partidos entre Houston frente al Thunder de Oklahoma ni los Lakers de Los Ángeles contra Portland, sino que los jugadores amenazaron con cancelar el resto de temporada y abandonar la burbuja. Y siguieron su ejemplo las Ligas Mayores de Béisbol, la MLS, WNBA, NHL y el Tennis al cancelar sus eventos deportivos de ese día. Un mensaje y ejemplo de unidad, defendiendo al equipo que sea, practicando el deporte que sea, usando sus plataformas para alzar su voz contra la injusticia.


Que el mensaje llegue a nuestra burbuja. De verdad me sorprende y da mucha curiosidad ver como en México es muy fácil descalificar las opiniones de una persona de acuerdo con lo que son. Voy a poner un ejemplo de esta situación. León Krauze, uno de los columnistas que sigo en mi cuenta de Twitter y que normalmente escribe acerca de política, es aficionado al Cruz Azul, incluso escribió un libro sobre el equipo cementero hace ya varios años, sin embargo, en un tweet que escribió acerca de la salida de uno de los jugadores más importantes del equipo, se podían leer muchas respuestas diciéndole básicamente que el no sabe de lo que estaba hablando y que debería irse a escribir a otros lados, por decirlo en otras palabras. En general en México se cree que porque una persona no estudio o se preparó en un tema, o ha pasado la mayoría de su vida aprendiendo sobre ello son razones suficientes para no poder dar una opinión. Pareciera que si uno no fue futbolista profesional no puede opinar de futbol, o que si uno no estudió gastronomía no puede cambiar las recetas de algún platillo. Ojo, no estoy diciendo que no tenga su mérito el haber estudiado, preparado o ganado experiencia por años en algún tema y que significa que cualquiera tiene la razón con lo que diga, por ejemplo yo no me voy a poner a dar una opinión sobre medicina contra lo que diga una doctora por el simple hecho que ella sabe 30 veces más que yo sobre medicina, y así con cualquier cosa, pero en general las cosas de la vida que son públicas, es muy fácil descalificar a alguien y más si su opinión no es la misma que la de uno.


No solamente en Estados Unidos se han visto movimientos sociales históricos en este año como lo ha sido el movimiento Black Lives Matter en el que se protesta en contra del racismo sistemático y la brutalidad policial hacia los afroamericanos, sino también en nuestro país. Las marchas feministas y el 8M en marzo, los movimientos estudiantiles en Guadalajara, las protestas y toma de la CNDH, y muchos más. Y me llama la atención como muchas figuras públicas de nuestro país hicieron público su apoyo a los movimientos anti-racismo en Estados Unidos, incluso algunos subiendo fotos de cuadros negros a sus redes sociales y escribiendo #BlackLivesMatter pero no es así cuando sucede en nuestro país. Sé y entiendo que cada uno es libre de expresarse e incluso de utilizar las redes sociales como guste, sin embargo, es increíble que teniendo los privilegios que muchas figuras públicas tienen en México y sabiendo que con su plataforma el mensaje podría llegar a tantas personas en el país, se escondan y no alcen la voz cuando hay tantas voces que no son escuchadas, o incluso, mandadas a callar.



Si algo nos ha enseñado (al menos a mi) este 2020, sin duda un año que será histórico, no solamente por la pandemia sino por todo lo acontecido alrededor del mundo, es que no podemos seguir viviendo en un mundo indiferente, donde solo importa lo que me afecte a mi o los que más amo. La forma de pensar, y sentir, debe cambiar. En esta construcción de la nueva normalidad debemos ser más empáticos como sociedad para saber reconocer a la persona a nuestro alrededor y entender que la empatía, la tolerancia y el amor deben ser las bases para ser humanos, porque creo firmemente que es diferente el ser persona a ser humano.


Sé que a muchas personas no les gusta ver a deportistas profesionales o miembros del espectáculo alzando su voz como activistas sociales y prefieren que solo se dediquen a su trabajo que es entretener y generar contenido para que nosotros podamos disfrutar y olvidar al menos por unas horas el estrés diario, creyendo que para eso les pagan grandes cantidades de dinero. Pues al final de cuentas creo que esas personas también son humanos, y como humanos sienten también todo lo que sucede a nuestro alrededor, porque todos son padres o madres, hijos o hijas, porque son seres vivos y porque son parte de la sociedad. Y en lo personal, me gustaría verlos demostrarlo más seguido.



El mensaje tiene que llegar a nuestra burbuja, esa burbuja en la que todos estamos inmersos, porque aunque no estemos todos dentro de un complejo deportivo dentro de Disney, vivimos juntos en México, y es tiempo que el mensaje de unión, igualdad y respeto llegue a cada uno de nosotros, y que no exista miedo al levantar la voz por aquellos que no son escuchados.

 
 
 

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