top of page

¿Qué hacer con aquello que no conocemos?

  • Writer: Guillermo Violante
    Guillermo Violante
  • Sep 14, 2020
  • 4 min read

A veces el utilizar ejemplos sencillos como una canción, una película o algo por el estilo nos puede ayudar a abordar un tema con mayor facilidad. En cierta forma nos puede dar un set de palabras con las cuales empezar a traducir nuestros pensamientos en ideas concretas. Alguna vez, conversando sobre David Bowie con una amiga, nos pasó justamente esto. La canción “Sound and Vision”, probablemente trata sobre bloqueos creativos y el abuso que el cantante tuvo de las drogas, pero por alguna razón esa vez nos hizo pensar en las limitaciones de nuestros sentidos -principalmente la vista- y como eso altera nuestra manera de percibir la realidad.


Un ejemplo curioso de esto sucede gracias a los conos del ojo. Los humanos y los primates cercanos somos seres tricromáticos, lo que significa que poseemos tres canales de percepción de colores y permite que -con excepción de ciertas discapacidades- podamos distinguir entre aproximadamente 1 millón de colores. Sin embargo, muchos animales como pájaros o reptiles son tetracrómatas, al contar con cuatro conos en vez de tres, su percepción de colores es mucho más amplia, abarcando aproximadamente los 100 millones de colores. Incluso se ha descubierto que existe un número reducido de personas, principalmente mujeres, que también son tetracrómatas.


A pesar de mi incapacidad de distinguir con mis propios ojos aquellos millones de colores que menciono, estoy consciente de que para algunos seres es la manera en que ven la realidad. Los colores son una parte tan presente de nuestra cultura visual que en ocasiones olvidamos que no existen en el mundo físico, sino que son solamente una ilusión causada por la entrada de luz en nuestros ojos. El desconocimiento de ciertos colores probablemente nos genere algún tipo de curiosidad por tratar de imaginar -inútilmente- aquello que jamás podremos visualizar. Pero independientemente de los frutos que tengan esos intentos, la presencia de esa curiosidad es extremadamente valiosa.


Desde nuestra realidad inmediata hay una amplia lista de cosas a nuestro alrededor que ignoramos o nos son invisibles, pero esta lista crece hasta el infinito si le agregamos todo aquello que como especie no conocemos de lugares tan solo como los océanos, mucho menos del universo. Aún con nuestro desconocimiento, esto no ha evitado que las personas busquen expresarse sobre la amplitud de lo desconocido o al menos usarla como punto de partida para contar sus propios relatos. H.P. Lovecraft es uno de los nombres que quizá se nos ocurre cuando pensamos en autores que dedicaron su obra a lo desconocido.


Creador de relatos como “El color del espacio exterior” y “La llamada de Cthulhu”, Lovecraft se enfocó en contar historias que ilustraran los horrores que aguardan en aquellos rincones que desconocemos del universo. Para él, aquello que no conocemos o no podemos comprender se volvió una fuente recurrente de terror para sus protagonistas, que usualmente se encontraban con seres antiguos que más que ser indiferentes, mostraban hostilidad hacia la humanidad. En las obras de Lovecraft, aquello que nos es ajeno, aquello que nos revela la ciencia sobre nuestra realidad, es una posible amenaza para nuestra cordura.


No es sorprendente el que este terror a lo desconocido en sus obras sea cada vez más reinterpretado por lectores. El ya muy conocido racismo de Lovecraft y su desprecio por aquellos de ascendencia no inglesa, ha dado nuevas maneras de entender esta fijación con asumir lo peor de aquello que se encuentra fuera de nuestras realidades. Al final, las historias de Lovecraft a pesar de tratarse sobre el amplio cosmos, nos dicen poco sobre éste y más acerca de un miedo que el autor tenía hacía el otro, aquello externo a su natal Nueva Inglaterra. Para algunos quizá esto pueda significar el que su obra se vea arruinada, pero más bien lo veo como una oportunidad interesante para que nuevas voces dialoguen sobre las implicaciones quizá raciales o sociales que puedan encontrar en el sentir terror hacia aquello que no entendemos.


Hoy en día conocemos más que nunca sobre el universo, pero este mismo conocimiento va de la mano con la constante reafirmación de nuestra pequeña existencia a comparación del universo entero. Cada vez somos más conscientes de que, en efecto, siempre estaremos más cerca de saber nada que de saberlo todo. El astrónomo Carl Sagan no lo pudo decir mejor, “No se nos ha dado el papel principal en el drama cósmico”. Pero esto no tendría que ser motivo de horrores para nosotros, contrario a lo que interpretaría Lovecraft, gente como Carl Sagan lo tomó como una oportunidad para ser curiosos ante una infinidad posible de conocimiento.


La curiosidad y el conocimiento que menciona Sagan no hablan de un deseo de acumulación, sino que el aventurarnos a conocer y entender nos puede brindar más cerca de poseer cada vez más humildad. Al ver la famosa foto tomada por la sonda espacial Voyager 1 donde captura a la Tierra como nada más que un punto azul pálido entre la oscuridad del espacio, Sagan expresó sobre ella palabras que bien pudieron haber caído en el nihilismo de creer que nuestra existencia carece de propósito, en vez, lo tomó como un recordatorio de que este planeta el único lugar que alberga nuestras emociones, nuestros deseos y nuestras vivencias. Que es un delirio cualquier sentido de grandeza, de controlar o de asumirse con algún tipo de verdad absoluta.


"Pale Blue Dot", fotografía de la Tierra tomada el 14 de febrero de 1990 por la nave espacial Voyager 1 de la NASA. Esta foto inspiró a Carl Sagan a escribir una gran reflexión que pueden leer en esta liga.


Aquí es donde entra esa curiosidad que había mencionado antes. Nada es curioso por si solo, sino que es nuestro interés por saber más acerca de algo lo que lo convierte en curioso o no para nosotros. Lo que es curioso para uno mismo puede ser parte de la cotidianidad de otro. Algo quizá obvio y simple, pero que creo útil recordar. Veo ingenuo pensar que nuestro modo de vivir y pensar es el correcto, el único, que es incuestionable, exento de ser deconstruido o alterado. Millones de personas han vivido antes que nosotros, millones viven ahora y millones más vivirán después; sería un desperdicio no tener al menos la curiosidad de tratar de entender a cuantos más podamos, aunque nunca terminemos de conocerlo todo.

 
 
 

Comments


Post: Blog2_Post

Subscribe Form

Thanks for submitting!

  • Twitter

©2020 by Blog de Mil. Proudly created with Wix.com

bottom of page