Intentando entendernos
- Mariana Cantú

- Aug 21, 2020
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Hay ciertos acontecimientos mundiales que seguirán resonando en nuestra sociedad a pesar de que hayan sido varios años atrás, como por ejemplo los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, el asesinato de John F. Kennedy o la caída del muro de Berlín. O si nos queremos ir a algo más local, tenemos la conquista de México, y posteriormente la independencia o la revolución contra el Porfiriato. Todos estos han sido, y siguen siendo acontecimientos que nos hacen reflexionar, y de los cuales hemos intentado aprender. Es vital entender nuestro pasado, las situaciones, causas y consecuencias, para no volver a cometer los mismos errores en el futuro.
Algo similar está sucediendo hoy en día, pero en lugar de que existan acontecimientos diferentes en el mundo, pasó algo con la capacidad de afectarnos a todos por igual. ¿A qué me refiero con esto? Existen varios eventos que han tenido un impacto significativo en la mayoría de los países, como el caso de las Guerras Mundiales. Sin embargo, si tomamos como ejemplo la Segunda Guerra Mundial es imposible decir que la situación que se vivió en Alemania con las fuerzas Nazis, en Italia con el gobierno de Mussolini, en Estados Unidos con el ataque a Pearl Harbor y posteriormente las bombas atómicas en Nagasaki y Hiroshima, o en México, son de alguna manera similares o comparables. Es decir, el mundo vivió con una nube de tragedia encima por algunos años que afectó a la mayoría de los países, sin embargo, cada uno de ellos enfrentó una situación completamente diferente y era imposible predecir lo que pasaría, o evitar que empeorara la situación.
Por otro lado, la situación de hoy en día con el COVID-19 es algo parecido, pero con una gran ventaja que hubiera hecho toda la diferencia. Hoy en día también estamos viviendo con una enorme nube sobre nosotros, sin embargo, es una nube que pudimos haber previsto, sacado nuestros paraguas y haber evitado que el impacto fuera tan grande. El COVID-19 es algo que afectó a todos los países por igual, de un momento a otro todos nos volvimos igual de vulnerables. Claro que muchos países sobrellevaron la situación de formas mucho más efectivas u óptimas gracias a sus recursos, sin embargo, a lo que me refiero es que este virus llego exactamente igual a todas partes del mundo; con la misma potencia, las mismas medidas de prevención y el mismo alcance.
A pesar de esto, cada vez que el virus tocaba un nuevo territorio parecía que también tenía la capacidad de nublar por completo todos los pensamientos coherentes, y hacer que el nuevo territorio en el que se introdujo empezara desde 0, con la misma incertidumbre, los mismos conocimientos, y la misma ignorancia con la que llegó a Wuhan. Hoy en día hay más de 35 países afectados, entre los cuales las probabilidades de contagio por segmento de la población, el radio entre contagiados y población total, y el porcentaje de muertes por casos fueron prácticamente los mismos.
El coronavirus se detectó por primera vez el 1 de diciembre de 2019, y llegó a México hasta finales de febrero. Es impactante que, a pesar de este gran margen de tiempo para planificar, actuar y lo más importante educar, se obtuvieran resultandos tan deficientes. ¡Ya se conocían las consecuencias, ya se había visto la letalidad de este virus! Y aún así, la magnitud del problema siguió en un estado incomprensible para la mayoría de los mexicanos.
Esta situación hizo completamente evidente que en México hace falta desarrollar una cultura de respeto por el prójimo, y me sorprendió bastante que la clara deficiencia de educación y prudencia no sólo se presentara en las localidades en donde no llega la suficiente información, o en donde no se tiene la capacidad de comprensión necesaria, sino que también se presentara dentro de las zonas más privilegiadas del país. Nos hacemos conocer como una cultura colectivista, sin embargo, situaciones como esta me hacen darme cuenta de la clara mentalidad individualista que domina en nuestra sociedad. Es como un “yo, yo y sólo yo”, que claramente obstaculiza el progreso y crecimiento de México.
Todos sabemos que México no es un país modelo en tecnología, seguridad, educación, y muchos otros aspectos. Sin embargo, algo que yo SIEMPRE he defendido de mi país es la bondad, persistencia y actitud de los mexicanos. Me enorgullece saber que si tengo algún problema va a haber siempre alguien dispuesto a ayudar, aunque no lo conozca. Que si voy en la calle siempre va a haber algún desconocido que te diga “buenas tardes”, “excelente día”, o que con una simple sonrisa se sienta el afecto de nuestra cultura. Hablando con extranjeros sus comentarios sobre México siempre son que por alguna razón al llegar a este país se sienten cómodos, inmediatamente en confianza con la gente que los rodea. Es tan grande este sentimiento de una cultura que apoya y ayuda, que en muchas ocasiones hasta se olvida lo peligroso que puede llegar a ser confiar tan rápido en algún desconocido.
Sin embargo, verdaderamente me duele cómo este gran diferenciador de nuestra cultura poco a poco se está perdiendo. Cómo las críticas y comparaciones le están ganando al festejo del éxito de algún otro mexicano, que la soberbia le esté ganando a la humildad, y que el “yo, yo y sólo yo” haga trizas al respeto por el prójimo.
La urgencia de salir y continuar con nuestros propios planes, ideas y prioridades nos están nublando de una manera inimaginable, nos está llenando de imprudencia. Siempre existe un plan B, pero parece que nadie lo entiende, y que nadie hace el esfuerzo por buscarlo. Ya vimos, leímos y platicamos mil veces sobre los errores que otros países cometieron durante el brote del COVID-19, ya sabemos las consecuencias, sólo nos faltan ganas y un cambio de mentalidad grande. Esta cuarentena debió haber acabado hace meses, y yo culpo al “yo, yo y sólo yo” de la mayoría de los mexicanos por no ayudar a que esto acabe.




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